¿Peticiones o exigencias?

En nuestro crecimiento espiritual, hemos ido aprendiendo a pedirle al Señor que nos ayude a seguir el mejor camino para obtener lo que aspiramos; que nos pueda guiar por la mejor ruta hacia nuestro destino; esto puede ser desde una simple petición hasta algo bien grande como una decisión importante sobre algún tema que nos pudiese afectar indistintamente en nuestra vida.

Como narcoseries

En mi opinión, considero que a veces confundimos  la idea de lo que es ser cristiano. El hecho de pedirle algo a Dios está bien, pero en donde a veces nos equivocamos es en el cómo se lo pedimos. Obligamos a Dios a que nos de solo lo que queremos, y en el peor de los casos, en el momento que nosotros queremos.

Ahora que las series de narcotráfico están de moda, desgraciadamente, me puse a pensar que a veces nos estamos volviendo expertos en algo que llamo las narcopeticiones. Eso que estamos pidiéndole a Dios, lo hacemos obligándolo a que nos lo de. Pensamos que eso es el camino más seguro y fácil, solamente lo pedimos sin ponernos a pensar en las otras oportunidades. ¿Cuántas oportunidades no hemos aprovechado, por tener metido entre ceja y ceja solo lo que quiero en ese momento?

“Se le acerca un leproso, suplicándole de rodillas –Si, quieres puedes limpiarme–” Marcos 1, 40

Aceptación antes que nada

Primero, como católicos debemos aceptar y reconocer que somos pecadores. Todos tenemos algo que sanar interiormente. Por ejemplo: puedo buscar alguna actitud que no me está dejando ser bueno con los demás; esa forma de actuar  que está haciendo que me enoje con mis compañeros de la universidad. Esa actitud que hace que le grite a mis papás por cómo dejé el cuarto el fin de semana que pasé durmiendo o esa mentira que dije sobre alguien sabiendo que no era verdad y ahora, esa persona está angustiada y triste por el mal rato que pasó por lo que dije. En ese sentido, aquí el primer paso es la aceptación. Entonces, primero aceptemos que somos pecadores.

Busquemos una actitud necesaria

En nuestros ratos a solas con Él, mostrémosle lo arrepentidos que estamos por esa injusticia que cometí o digámosle algo que nos gustaría cambiar para bien y así poderlo usar en favor de los demás. ¡Y en verdad tengo que estar arrepentido! No se vale sólo decirlo sin darle profundidad. Además, tengo que estar decidido a transformarme en alguien mejor y más coherente. Así como lo hizo el leproso, acerquémonos a Él. ¡Existen tantas maneras de poder estar cerca de Él!

Te voy a dar unos consejos para que los tomes en cuenta y puedas lograr este acercamiento espiritual con Dios: 

  1. Para acercarnos podemos hacer una visita extra semanal a misa: que feliz se sentirá Jesucristo  de recibirte en su casa, sólo para estar con Él y agradecerle todo lo que hace por nosotros y por nuestros seres queridos. 

  2. Busquemos asistir a una hora eucarística: todos los jueves saquemos una hora de nuestro tiempo para estar al lado de Él, pongámonos como María a sus pies. 

  3. Ofrezcamos unos minutos de oración personal al día: Dios no nos pide cantidad de obras o tiempo, sino calidad. Ofrezcamos cada momento y cada acción, que podamos seguir su camino. 

El querer acercarse es tener deseo de cambiar, y en Él vamos a encontrar esas fuerzas que necesitamos para los retos del día a día. Ese acercamiento nos va a ir ayudando poco a poco. En medio de la turbulencia, podemos encontrar la paz y tranquilidad cuando recurrimos a Su auxilio.

..hágase en mí

Por último, tenemos que acercarnos a Dios con una actitud humilde parecida a la que llegó el leproso. Llegar de rodillas simboliza esa actitud de respeto y de que nos reconocemos pecadores ante Él. Porque el leproso sabía que, si llegaba de la forma más humilde, Cristo lo iba a ver con misericordia e iba a tenderle una mano de apoyo. Y esa humildad tengo que entenderla, dándole a Dios la libertad  de que obre en mí.

“He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” Lucas 1, 38

No podemos exigirle a Dios que nos de las cosas a nuestra manera , debemos  tener confianza en Él y tener la convicción de que nos ayudará en la medida en que lo dejemos obrar,  siendo así el guia de nuestro camino. Dejemos que las oportunidades se vayan dando a voluntad de Dios y no a necesidad mía. Muchas veces por estar cegados con lo que queremos, no vemos las demás oportunidades que Dios nos muestra o a veces sólo tenemos que darle un tiempo para  que las cosas sucedan. Dios conoce nuestros corazones y sabe lo que queremos, acerquémonos a pedirle y démosle la oportunidad que sea Su voluntad.

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